El Estado uruguayo comenzó a actuar en forma ilegítima desde la década del 60, cuando obreros y estudiantes enfrentaban una brutal represión. A partir del 27 de junio de 1973 el golpe institucional se consagra con la disolución del Parlamento, llevada a cabo por Juan María Bordaberry, que pasaría de Presidente de la República a dictador. A partir de ahí se ejerció ferozmente la violencia sistemática y generalizada donde se utilizó la fuerza de las armas y la anulación de los derechos de los ciudadanos, incluso el más básico: el derecho a la vida. Toda la sociedad, de una manera u otra, fue atrapada por las garras de la dictadura, salvo, aquellos que fueron cómplices o se beneficiaron con ella. La disolución de las Cámaras fue enfrentada por los trabajadores, los estudiantes universitarios y los sectores populares de todo el país. La misma madrugada que se gesta el golpe, la respuesta de la CNT no se hizo esperar, lanzó un manifiesto llamando a la ocupación de los lugares de trabajo...
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